Competición Sainz vs Verstappen: la guerra comienza

Sainz vs Verstappen: la guerra comienza

Carlos Sainz y Max Verstappen han sido los protagonistas hoy de la carrera de Singapur. Y lo han sido por derecho propio. Las maniobras protagonizadas por los pilotos de Toro Rosso han llamado la atención de los aficionados y, posiblemente, los han levantado de sus sillones. Sin embargo, una polémica ha salpicado el final de carrera cuando Verstappen se ha negado a ceder su posición a Carlos Sainz, algo que le llevaban pidiendo en el equipo durante 15 vueltas. La competitividad del holandés, llevada hasta sus últimos extremos, ge generado un problema en Toro Rosso que puede dar una guerra que si estaba ya comenzada, no lo estaba en los términos que se pueden dar ahora.

Lo cierto es que estamos hablando de dos grandes pilotos, cada uno con su estilo, que están realizando una gran temporada, fruto también, como no, de disponer de un monoplaza que les permite lucirse. Dicho eso, lo cierto es que la situación de ambos no es nada sencilla. Uno, Verstappen, siente la presión de demostrar continuamente que es el heredero de Senna por el que la F1 suspira. Otro, Sainz, que no está en F1 por tener un apellido, sino porque tiene la suficiente calidad para batir al “pequeño Senna”. Una rivalidad que está dando tardes de gloria a Toro Rosso, pero que mal gestionada puede acabar como el rosario de la aurora. El instinto asesino de Max vende mucho, pero Sainz también ha aprendido a estas alturas que en la F1 hay que tener colmillo en la pista y fuera de ella. Si diplomático comenzó siendo al empezar la temporada, poco a poco se va soltando ante los medios. En la F1, o comes o te comen. Tú decides si quieres ser el cazador o la presa.

El caso para Sainz es el siguiente: no le vale con igualar a Verstappen, lo tiene que superar con margen. La balanza, actualmente, parece inclinada hacia el holandés. Los titulares que venden son usando el nombre de Max, por lo que representa en una F1 aburrida que echa de menos a pilotos voraces sobre la pista. Sainz tiene que dar un golpe de efecto contundente que incline la balanza en su favor. Hoy se ha marcado varios adelantamientos de los de garra y pundonor, pero el resultadismo en F1 es matador. En la Red Bull de ahora, o ganas con contundencia a tu compañero, o te quedas fuera. Y no sólo es algo del equipo austriaco. Viene de antaño. La F1 vende siempre tu última carrera, pero si no se decide antes de final de año, ante la igualdad de tus dos pupilos, decides ascender al que te da sensaciones de conseguir cosas increíbles, vendibles en titulares. Ese, desde que entró en el programa Red Bull sin apenas experiencia en monoplazas, es Max. Para cambiar las tornas, Carlos tiene que dominar más su destino y moldearlo más a su antojo. Y eso va desde antes de subirse al coche como después de hacerlo. Todo cuenta. Desde los puntos, los adelantamientos, las declaraciones y la agresividad, tanto en pista como fuera de ella.

Max y Carlos, Carlos y Max, una batalla apasionante. Algo que va a ir a más allá de lo deportivo, por muy buena relación que parezca que tengan fuera de los circuitos. Tu compañero es tu rival más importante. Es quien te da de comer porque va con tus mismos medios, con tu mismo monoplaza. Si abusas del “buen rollo” eres carne de cañon. El egoísmo es un mal defecto en general, pero una necesidad particular en F1. Tras una bronca de tu jefe los puntos no te los quita nadie, eso queda ahí asentado y a final de año nadie se acuerda de como los ganaste. Si es cierto que Sainz ya le ha cedido la posición en 3 ocasiones y Max en ninguna, Carlos debe tener aprendida la lección. “Una vez es casualidad, dos es concidencia, tres…¡eres el asesino!” que se decía en una película hollywodiense. Por ello, Carlos debe empezar a mirar por si mismo. El futuro en Toro Rosso es incierto a 2 años vista. Y a veces no hay tanto tiempo, sino que se decide mucho antes (que le pregunten a Kvyat). La batalla entre ambos comienza a estar en el terreno de lo psicológico, y dada la templanza de Carlos y lo impulsivo de Max, es momento de que Sainz empiece a jugar sus cartas. El tiempo es finito, y en F1 más.

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