Competición Carlos Sainz, callando bocas…

Carlos Sainz, callando bocas…

Y Carlos Sainz calló muchas bocas. Parece un comienzo de artículo algo agresivo, pero no lo es mucho más que aquellas palabras que muchos “entendidos” del motorsport le dedicaban al madrileño cuando se encontraba en la antesala del Gran Circo. Que si más apellido que otra cosa, que si no se lo había currado porque los contactos de “papá” le habían conseguido un lugar en Red Bull, que si otros pilotos nacionales tenían bastante más talento que él, que si Verstappen se lo comería con patatas. Hoy, sin embargo, ya ha puesto sobre la mesa que su estancia en la F1 no sólo es merecida, sino que a poco que siga con el crecimiento experimentado hasta ahora, tenemos un futuro rival por las victorias para los Hamilton, Vettel, Verstappen, Ricciardo, Alonso y compañía. Carlos, a poco que Renault le ponga coche el año que viene, nos va a dar muchas alegrías.

Hace un tiempo escribí un artículo donde indicaba que no todos los pilotos desarrollan su carrera en la F1 de la misma manera. Algunos comienzan su trayectoria en la F1 de manera fulgurante, y 3-4 años más tarde siguen sin ganar un mundial. Otros empiezan de manera menos determinada y en ese mismo lapso de tiempo ya están compitiendo por él. Es más, algunos otros que tanto prometían, 3-4 años después están dirigiéndose hacia su salida de la F1. Carlos parece de aquella clase de pilotos que cada año que pasa crece otro poquito más y del que no se atisba su final. No puedo evitar retrotraerme a su temporada en GP3, cuando compartiendo equipo con Kvyat, muchos veían en el ruso un pilotazo y en Sainz alguien que no merecía más oportunidades. Dos años han coincidido bajo el mismo equipo en la F1 y Carlos lo ha masacrado de manera constante, y de manera mucho más “abusona” en el segundo año, cuando se suponía que Kvyat recuperaría su moral. Esos mismos que ponían por las nubes al ruso en la GP3, ahora no dudan en decir que Daniel no era tan bueno y que no era un rival meritorio al que batir.

Y hasta aquí hemos llegado, con Carlos adelantando su ingreso en el equipo de Enstone, Renault, y teniendo que batirse el cobre con un Hulkenberg al que muchos tildaban como una especie de talento imbatible que le pondría muy complicado el hecho de superarle. Lo va a tener muy difícil para superarlo antes de que termine el año, lleva muchas carreras y lo de “Hulk” no sólo es cosa de apellido. Primera carrera y ¡zas!, en todas las sesiones del GP Carlos se ha encargado de hablar sobre la pista. Como dijimos en el artículo pasado, tenía que hacerlo cuanto antes para dar las señales necesarias al equipo de que se encontraba ante un gran talento y no sólo un recopilador de puntos. Dicho y hecho. Carlos hizo sus deberes y dejó claro que, lejos de los malos augurios que vaticinaban los que elogian siempre más al extranjero que al propio, hay piloto con el que optar a las victorias. El hecho de batir a Nico en la primera carrera no es tan importante desde el punto de vista de los puntos que llevan cada uno, que ya iba por delante Carlos en ese aspecto, sino por el hecho de infringirle la primera derrota psicológica. “Hulk” debe responder en el siguiente gran premio porque de no hacerlo la presión comenzará a caer como una losa sobre el piloto alemán. Y la prensa empezará a eclipsar con sus elogios la labor de un Nico que llegó para ser el primer espada.

Lo cierto es que hace no tanto había una teoría en cuanto a las facciones y las miradas de los pilotos para saber si eran o no candidatos a títulos y victorias. Hay quien decía que las facciones angulosas y las miradas aguileñas daban mayores garantías en ese sentido. Sin ser algo realmente infalible, se podría decir que con Carlos algo de eso hay. Su determinación a la hora de mirar sus objetivos e ir a por ellos te dan las sensación de ser de esa clase de pilotos con los que a poco coche que tengan, no será de aquellos que se conformen con la menor de sus posibilidades. Algo de esto ya habíamos visto, pero en el adelantamiento a Checo Pérez dejó claro que a pesar de ser su primera carrera con los de Enstone, su tarjeta de presentación no se la iba a guardar en el bolsillo. Todo lo contrario, la lanzaba ante las cámaras como el vaquero que lanza sus cartas sobre la mesa para descubrir su repóquer de ases. De alguna manera no había sólo una posición en juego en ese movimiento, sino el hecho de que todos supieran lo que iban a ver a partir de ahora. Ya no sólo sabemos que tiene la cabeza bien amueblada como para desesperar a Verstappen cuando eran compañeros y le intentaba superar…sino que también sabemos que sin ser tan agresivo como el holandés, cuando huele sangre, no duda. Tenemos piloto, mal que le pese algunos, y sólo es cuestión de tiempo y coche el que comprobemos hasta dónde puede llegar. Si él quiere, no tiene límites.

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