Destacadas SUBARU BRZ, LA EMOCIÓN DE CONDUCIR

SUBARU BRZ, LA EMOCIÓN DE CONDUCIR

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Con el corazón. Así es como, estoy seguro, han diseñado este Subaru BRZ los especialistas de la firma japonesa. Y es que desde que te montas te das cuenta que todo está dirigido a disfrutar al máximo tras sus mandos.

Su imagen entra por los ojos. Es imposible que te deje indiferente si no tienes horchata en las venas.

Y además lo hace conjugando una serie de factores de lo más interesantes. Es decir, no nos asombra con una mecánica desmesurada, ni con unas ruedas exponenciales, tampoco necesita una trasmisión de última generación… Lo hace desde el equilibro de un coupe de bajo peso y con una estética que llama poderosamente la atención allí por donde pasas.

Su alerón trasero es enorme y tiene hasta un punto exagerado que, a mi, me ha gustado mucho.

Como digo, por fuera seduce enseguida y gira cabezas convirtiéndose en el objetivo de todas las miradas. Por delante su capó largo y afilado termina en una parrilla baja y unos faros de tecnología LED muy en la línea del gusto asiático. Desde luego no es lo que estamos acostumbrados a ver por la calle en nuestro día a día.

El difusor trasero con las dos enormes salidas de escape le dan un aspecto tremendamente agresivo.

Pero seguramente sea su parte trasera la que atesora mayor personalidad. Un alerón generoso recorre toda la línea de su maletero, mientras que por debajo dos gigantescas salidas de escape nos indican el tipo de coche que es. Sin duda una imagen agresiva dirigida a un público muy deportivo.

Llanta diecisiete con neumáticos 215/45. Una monta justa y adecuada para la potencia del Subaru BRZ.

En el último restyling que ha sufrido el modelo se ha mantenido la medida de sus llantas, diecisiete pulgadas. Un detalle que nos ha gustado pues indica que se ha pensado más en su carácter prestacional que en una estética más abultada penalizando al dinamismo.

Los faros delanteros delantan el origen asiático del BRZ. Además se integran perfectamente en el frontal de este Subaru.

Por dentro, su habitáculo es de buena calidad pero siempre desde la sobriedad. Digamos que es discreto aunque con ciertos tintes, como no podía ser de otra manera, racing. Su interior está plagado de plásticos blandos agradables al tacto y superficies rematadas en cuero. Además incluye diferentes pespuntes por todo el interior en color rojo que provocan un llamativo contraste con el negro del resto de materiales. También podemos encontrar diferentes piezas en aluminio como los pedales o el apoya pies del conductor.

Los grupos ópticos traseros son grandes y llamativos.

Los asientos son de calidad y están construido con una vistosa mezcla de alcántara y piel. Unos asientos muy envolventes, calefactados pero algo estrechos a nivel de los hombros. En donde no se les puede poner ninguna pega es cuanto a la postura de conducción que nos ofrecen. Desde ellos nos podemos colocar bajos y estirados con el volante regulable cerca de nuestros brazos y la palanca de cambios en una posición ideal.

Motor boxer, de cuatro cilindros, dos litros de cilindrada y doscientos caballos de potencia.

Por otra parte, su interior estrena una pantalla multimedia en color de 6,2 pulgadas  desde la que manejar algunas opciones como el bluetooth o la climatización. Eso sí, carece de la posibilidad de montar un navegador. El cuadro de instrumentos es sencillo y le da un protagonismo principal al tacómetro. Mientras el ordenador de a bordo nos ofrece información de velocidad, consumos…

Los asientos son bonitos y gozan de un acabado impecable. Quizá algo estrechos para las tallas más grandes.

Su concepción interior se podría calificar de biplaza. Sí, tiene dos asientos traseros. Pero son prácticamente testimoniales y apenas nos podrían sacar de un apuro a la hora de llevar niños.

Pero voy a dejar de enrollarme y voy a contaros lo que estáis deseando saber. ¿Qué motor lleva? Pues una mecánica boxer de dos litros y cuatro cilindros. Un propulsor que rinde 200 caballos, otra de las cosas que no ha cambiado en su actualización aunque si lo han hecho elementos como el árbol de levas, el cigüeñal o los colectores de escape. Todo enfocado a darle una mejor respuesta a las peticiones de nuestro pie derecho sobre el pedal.

Se trata de un motor que tiene la necesidad de ir siempre alto de vueltas si queremos que nos ofrezca lo mejor de sí mismo. Carece de bajos y tiene una zona media discreta que nos puede servir para circular de manera relajada como si de un pequeño utilitario se tratara. Por eso hay que saber que debemos llevarlo entre las 5.000 y las 7.500 rpm para que la respuesta de su acelerador se convierta en inmediata.

De todos modos para realizar este tipo de conducción tenemos un gran aliado. Se trata de una caja de cambios manual de seis marchas con un perfecto escalonamiento. Además tiene un recorrido corto y duro que le dan un tacto de lo más deportivo. De hecho me cuesta recordar una trasmisión más agradable de manejar que yo haya probado en los últimos meses.

Hacía tiempo que no probaba una caja de cambios manual con un tacto tan preciso, corto y deportivo.

Una vez estamos en marcha nos damos cuenta de lo precisa y directa que es su dirección. Con ella el morro de nuestro BRZ irá directo a donde apuntemos con una leve insinuación. De hecho los cambios de apoyo se realizan con enorme precisión y rapidez gracias también a unas cifras en la báscula -1.318 kg- que lo hacen tener menos inercias que otros deportivos de mayor tamaño. Además, su peso, también ayuda al eficaz y efectivo trabajo de sus discos de freno. Infatigables al menos en su uso en carretera.

No he podido probarlo en circuito, pero si a ritmo ligero por carreteras reviradas y es aquí donde te sacará una sonrisa. Y lo hace gracias a un tarado de suspensión firme pero cómodo. Gracias a él los apoyos se perciben seguros y enseguida te da la confianza necesaria para rodar rápido, incluso si la tracción trasera te da algo de respeto a priori.

La consola central tiene un diseño algo anticuado para lo que te sueles encontrar hoy en día en un deportivo de última generación.

Dispone de un efectivo control de tracción que nos hará más cómodas nuestras sesiones racing. Además incorpora un botón denominado Track donde las ayudas a la conducción desaparecen para que podamos hacer largas derrapadas gracias a su sistema de propulsión. Aunque también tendremos la posibilidad de no desconectarlo del todo para que pueda intervenir en última instancia si hemos sido demasiado optimistas.

¿Y cuanto vale? Pues el BRZ de las fotos con el acabado Executive eleva la factura hasta los 32.400 euros. He de decir que vale lo que cuesta. Eso sí siempre y cuando pongas por delante cualidades intangibles en un coche como las sensaciones, el estilo, las emociones o el placer de conducir.

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