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Pocos coches pueden presumir de levantar tanta expectación como el nuevo Suzuki Jimny. Y es que en una reciente visita del presidente de Suzuki Ibérica el señor López Frade ya nos contaba como, con apenas presentar el fabricante japonés unas fotos de su futura estampa los concesionarios comenzaron a recibir pedidos en firme. Es decir, con dinero de por medio.

Se trata de un modelo longevo puesto que su denominación, Jimny, llegó al mercado ha finales del siglo pasado (1998) pero su concepto, esto es la de todoterreno puro de precio asequible y dureza contrastada, lleva arraigado en la firma nipona desde hace más de cincuenta años. ¿Quién no ha montado alguna vez en un Samurai?

Su imagen ahora aporta una figura realmente llamativa de líneas rectas. ¿No os recuerda a un cachorro de un Mercedes Clase G? ¿Y a un Jeep Wrangler? Una estética robusta y clásica pero que, a la vez, ha sabido jugar la baza de la modernidad y del atrevimiento. Sus enormes pasos de rueda en plástico negro le dan un aspecto deportivo y su rueda de repuesto colgada sobre el portón trasero lo identifican como un todoterreno con todas las letras. Otro aspecto que no se ve pero que también lo delata como tal es que está construido sobre un chasis de de largueros que, para esta versión, ha sido mejorado con unos silentblocks que trataran de mejorar la comodidad a bordo.

Por dentro sigue haciendo gala de un espacio muy ajustado. De echo ahora su carrocería es 50 mm más corta, eso sí, es algo más alto (5mm) y ancho (45mm). Para afrontar obstáculos dispone de una altura libre al suelo de 210mm y tiene un ángulo de ataque de 37 grados, uno de salida de 49 y uno ventral de 28. Sin duda unas medidas al alcance de casi ningún SUV con pretensiones camperas.

Mecánicamente se sigue apostando por la fiabilidad y la sencillez. Una simplicidad que hace que su gama se componga por un único motor. Se trata de un bloque atmosférico alimentado por gasolina de cuatro cilindros y dieciséis válvulas que cubica 1,5 litros. De él se extraen 102 caballos a seis mil revoluciones y consigue una cifra de par motor de 130 Nm. Con esta mecánica el Jimny se muevo con soltura pero sin alardes, tampoco los busca. En autopista mantiene con tranquilidad cruceros legales (pese a que su velocidad máxima es de 145 km/h) y en campo su suavidad y economía de uso son dignas de agradecer.

En carretera además debemos acostumbrarnos a una dirección excesivamente lenta que tiene casi cuatro vueltas entre topes. No obstante debemos también acostumbrarnos a sus ejes rígidos que nos ofrecen muchas garantías en su uso campero pero que no dan la comodidad de una suspensión pensada para el asfalto.

Nuestra unidad de pruebas montaba también una caja de cambios manual de cinco relaciones. Aunque como novedad en esta generación hay la opción de disponer de una caja de cambios automática. Transmisión que en breve probaremos pues más de un compañero de prensa que la ha probado ya nos ha adelantado lo bien que trabaja sobre todo para mantener ritmos constantes en zonas off road.

Como decimos el cambio manual funciona correctamente con unos desarrollos muy bien conseguidos y con la palanca en una posición cómoda. Además su tacto es preciso y sólo se echa en falta una sexta relación para bajar aun más los consumos.

Otra novedad de esta generación es que vuelve a disponer de palanca para las marchas cortas. Recordemos que los últimos Jimny llevaban una ruleta para seleccionar la tracción que tan poco gusta a los amantes de la conducción fuera del asfalto. Apuntar también que su relación de cambio para el grupo corta es de 2:1. Esto quiere decir que cada relación en la reductora tiene justo la mitad del desarrollo que su equivalente en las marchas convencionales.

Con todo esto, y con un peso muy contenido, el Jimny sigue siendo el rey del campo. Imposible encontrar ningún rival que por el mismo precio sea capaz de solventar obstáculos con tantas garantías. Es increíble comprobar como pasa con solvencia zonas tremendamente embarradas casi como si pasara por encima sin apoyarse en el suelo.

Por otra parte acepta sin problema atacar rampas con pendientes muy pronunciadas aprovechando que dispone de una batalla muy corta de apenas 2,25 metros. Aunque debemos recordar que el nuevo Jimny carece de diferencial central.  La tracción en condiciones normales es trasera pero se puede conectar manualmente las ruedas anteriores y circular con tracción total.

Su gama estará asentada sobre tres niveles de equipamiento denominados JL, JLX y Mode 3. Eso sí, en todos ellos lleva una dotación de serie que está mucho más por encima de lo que nos ofrecía el antiguo Jimny. Hablamos de elementos como el sistema de reconocimiento de señales de tráfico, el sistema de advertencia por abandono del carril o el frenado automático de emergencia.

En los acabados interiores seguimos encontrando plásticos que son acordes al precio del conjunto, esto es sencillos. Aunque hay que poner en valor que parecen robustos y fáciles de limpiar, algo primordial en este tipo de coches. Destaca también por haber avanzado con un diseño de salpicadero mucho más moderno y que integra una pantalla táctil que puede ser compatible tanto con Apple CarPlay como con Android Auto.

La postura al volante es algo vertical para mi gusto. Muy tipo furgoneta con la banqueta horizontal y la postura muy alta. Además el volante tiene regulación en altura pero no en profundidad. Donde si encontramos una mayor holgura es en el espacio libre que nos queda hasta el techo en las plazas delanteras.

En cuanto a las plazas traseras, su espacio para las piernas es bastante reducido pero tienen buenas dimensiones en cuanto a la altura y la anchura para dos adultos. El maletero es muy pequeño con una profundidad entre la banqueta y el portón de apenas 20 centímetros.

Os vamos a hablar ahora del precio pese a que es complicado que os podáis comprar uno. ¿Por qué? Pues porque toda la producción de este modelo están completamente vendida. Se trata de unas 400 unidades que tenía Suzuki Ibérica de cupo y que podrían haber sido 2.500 si hubieran podido hacer frente a todos los pedidos solicitados. Y es que los 17.000 euros de su modelo más barato son realmente tentadores.

Como anécdota nos gustaría añadir que hemos comprobado que ya ha salido alguna unidad en venta al mercado de segunda mano con poco más de 1.000 kilómetros pero con un precio superior al nuevo. La especulación ha llegado al nuevo Suzuki Jimny.

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Quizás esta prueba deberíamos empezarla hablando de que estamos antes una especie en peligro de extinción. Un automóvil de esos para gente muy particular que sabe muy bien lo que quiere. Estamos hablando del Subaru Impreza WRX STI. Un coche que se ha quedado sólo desde que en 2016 desapareciera del catálogo de Mitsubishi el Lancer EVO.

Una pena para los apasionados de las berlinas deportivas derivadas directamente de la competición. Modelos que han fraguado su historia calando en la retina de los aficionados a, sustancialmente, los rallyes. Pruebas de velocidad en carretera que no tienen un futuro demasiado halagüeño por lo políticamente incorrectas que son. ¿Le acabará pasando lo mismo a este tipo de máquinas?

Por fuera esta versión final del WRX STI, si final porque ya no se venderá más, ha cambiado bastante con respecto al modelo precedente. Aunque han sido cambios no demasiado llamativos que sólo caerán en la cuenta de aquellos apasionados del modelo, que los hay, y muchos.

Su parte delantera recibe una gran parte de esos cambios pues se ha rediseñado por completo. Ahora tiene una parrilla mucho más grande con un paragolpes completamente nuevo que ahora en lugar de luces para la niebla incorpora unas entradas de aire de mayor tamaño. Por otra parte sus faros ahora son de tecnología LED adaptativa.

En lo que respecta a su vista lateral continúa siendo inconfundible gracias a unos pasos de rueda muy marcados y de un tamaño considerable. Aunque todo el protagonismo se lo llevan sus impactantes llantas de color negro y diecinueve pulgadas que incorpora y que dejan entrever unas enormes pinzas de freno Brembo decoradas en un llamativo color flúor. Pinzas que muerden sobre unos eficientes y eficaces discos ventilados y perforados.

Aunque la mayor personalidad del modelo sigue recayendo sobre su parte trasera. Una zaga que no ha cambiado en exceso quizás por eso, porque allí está parte de su impacto estético. Y es que en esta zona descansa un difusor negro que está flanqueado por cuatro salidas de escape.

Aunque seguramente lo que muchos estáis echando de menos es su enorme y característico alerón. Pues bien, este acabado Confort Edition carece de él, opción que está disponible desde el 2016. ¿Os gusta la discreción que otorga o os parece que le falta la guinda al pastel?

Su interior sigue siendo un canto a la deportividad desde un punto de vista comedido. Eso sí, sigue aportando grandes dosis de calidad y unos ajustes dignos de una marca premium. Aun así encontramos algunos cambios como que ha crecido la pantalla que ofrece la información mecánica o que incorpora unos cinturones de seguridad en color rojo.

Pero vamos a meternos en materia. Bajo su capó se esconde el conocido motor boxer de cuatro cilindros, 2,5 litros y 300 caballos. Un propulsor capaz de arrojar una cifra de par de 407 Nm. Esta mecánica manda su energía a las ruedas a través de una caja de cambios manual (no me lo quiero imaginar de otra manera) de seis marchas. Además como es característico en este acabado su tracción es total permanente con su sistemta AWD Symmetrical. ¿Sus cifras? 5,2 segundos en el cero a cien y una punta de 255 km/h.

Con todos estos datos en la mano os podéis imaginar que las prestaciones del STI son de primer nivel. Y es que las sensaciones que transmite son muy “de carreras”. El motor empuja con decisión desde muy bajas vueltas dejándote estirar las marchas hasta la zona roja, las 8.000 vueltas. Un empuje que va acompañado de un sonido importante y muy de agradecer por el tipo de coche que es.

Sus suspensiones son más firmes que las del modelo precedente pero no por ello menos eficaces. Algo que notas cuando atacas con fuerza los frenos y te das cuenta que pese a un ligero cabeceo de su frontal la figura no se descompone. El paso por curva es altísimo puesto que además te da mucha confianza desde el primer momento. No obstante pese a su potencia y tracción es más subvirador que sobrevirador y su mayor virtud está en la capacidad que tiene de no perder ni un ápice de grip cuando aceleramos a la salida de los giros.

Por otra parte el reparto de potencia entre cada eje se puede regular gracias al Muti Mode DCCD que se maneja desde un botón situado al lado de la palanca de cambios. Con él podemos regular la cantidad de par que llega a cada eje bloqueando el diferencial central.

Una de las cosas que más me ha gustado ha sido el tacto de su caja de cambios. Podemos decir que se parece en tacto, recorridos y rapidez a una de competición pero sin las brusquedades y durezas de estas.

Además, y como no podía ser de otra forma, su control de estabilidad es desconectable tan solo apretando un botón al lado del volante.

Pero para que no parezca esto un panfleto publicitario del Subaru Impreza WRX STI tenemos que decir que sus consumos están en consonancia con sus prestaciones… Y es que a poco que te des una alegría con el pie derecho podrás encontrar en sus ordenador de a bordo consumos por encima de los doce litros.

Se trata de un coche único, al que no me atrevo a atribuirle rivales y, quien sabe, si una especie única que ya no volveremos a ver. Yo, si me lo pudiera permitir, me gastaría los 47.000 euros de su factura para guardarlo en mi garaje.

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La deriva del mercado desde hace ya varios años enfoca la mayor parte de las ventas hacia el segmento SUV. Y casi todos los fabricantes los están haciendo subiendo las suspensiones de sus berlinas. De esta manera encontramos un Leon elevado en forma de Ateca o un serie 1 de BMW con carrocería alta denominado X1.

Pero marcas como Mitsubishi tienen que realizar el camino inverso. Esto es adaptar su excelente gama de todoterrenos a las particularidades de unos vehículos que van a circular la mayor parte de su vida útil por carreteras. Y hacerlo sin olvidarse de su marcado ADN campero y dar la talla también cuando salen del asfalto.

Y ahora con el Mitsubishi Eclipse Cross ha añadido a esta ecuación una fuerte carga de diseño. Un diseño encarnado por la firma corporativa de la marca en forma de X en su frontal y por una parrilla muy alargada que se une con su faros de tecnología led.

Además incluye una particular zona trasera. Allí su luna partida se lleva toda la atención por tan peculiar manera de rematar este todocamino de tamaño medio. Ya que su carrocería tiene una longitud de 4,40 metros de largo, apenas cinco centímetros más que un ASX. Carrocería que está plagada de multitud de nervaduras y de una cintura alta que le otorga una imagen muy diferente al resto de sus hermanos de gama.

Pese a la carga de diseño que incorpora, los ingenieros japoneses no se han olvidado de darle una gran practicidad a su interior. Un habitáculo de lo más práctico con una parte trasera más amplia de lo que parece indicar la caída de techo de su pilar C. Además los asientos posteriores gozan de regulación longitudinal para que podamos elegir entre un maletero (mínimo de 395 litros) más amplio o una zona para nuestras piernas de mayores dimensiones. A esto debemos añadir que su respaldo se puede inclinar para proporcionar una mayor comodidad a nuestra espalda.

Su nivel de acabados está a la altura de lo que esperas de un fabricante como Mitsubishi. O quizás algo por encima, y es que se nota el espero que se ha puesto en dotar de calidad de materiales y finos ajustes al nuevo Eclipse japonés. Todo ello unido a una alta dotación tecnológica que va desde un práctico Head Up Display hasta una pantalla central táctil con bluetooth y puertos USB.

Mecánicamente dispone de un motor de gasolina de 1,5 litros de cilindrada. Un propulsor capaz de rendir una nada desdeñable cifra de potencia, 163 caballos. Energía que llega a las ruedas inmediatamente que pasamos de las 1.500 revoluciones por minuto. Su tracción es total y está gestionada electrónicamente. Aunque también podemos optar por un acabado con tracción al eje delantero.

La unidad de pruebas de las fotos equipaba el cambio automático CVT que, pese a no estar al nivel de un doble embrague o convertidor de par, tiene un tacto muy conseguido y ofrece un funcionamiento correcto. No obstante tenemos que tener claro que en los momentos que le pidamos a su propulsor la máxima aceleración este tipo de caja de cambios nos regala una rumorosidad mayor que el empuje que llegamos a percibir.

Su suspensión está más enfocado al confort que a la búsqueda de un comportamiento dinámico ágil y deportivo. Digamos que es blanda pero sin llegar a excesos que provoquen incomodidad a los pasajeros. Eso sí este tarado hace que los cambios de dirección no sean excesivamente rápidos y, en carretera de curvas, exige una conducción pausada y sin alardes.

Su precio está en torno a los 24.000 euros ya con los descuentos de la marca si nos decantamos por la versión de acceso. Una cifra que se aproxima a los 30.000 si lo que queremos es el equipamiento exclusivo y excesivo de la variante Kaiteki.

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La nueva generación del Peugeot 508 estrena carrocería coupe y unas líneas que, desde que lo conocimos en el Salón de París, han revolucionado el segmento de las berlinas de representación.

Una imagen que si cabe ha impactado más en el mercado pues el modelo al que sustituye no acabó de cuajar dentro de la gama del fabricante francés. De esta manera el nuevo modelo llega con estética renovada pero también con una amplia y más que variada oferta mecánica.

Se trata de la apuesta de la marca dentro del segmento D. Sin duda uno de los más afectados por la ya no tan novedosa moda de los SUV. De hecho el nuevo Peugeot 508 tiene al enemigo en casa pues debe batirse el cobre con su hermano el 5008, uno de los todocaminos más exitosos y revolucionarios del curso pasado.

Aquí os dejamos unas fotos que corresponden a una unidad con las siguientes características: Motor 1.5 BlueHDI 130CV. Acabado GT LINE. Transmisión EAT8

 

 

 

 

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BMW ha decidido realizar un restyling a su gama MINI para que sus ventas sigan viento en popa dentro de su gama. La marca de pequeños compactos del fabricante alemán goza de una excelente salud dentro del potente grupo teutón gracias a haber sabido mantener en el tiempo esa imagen icónica de deportividad e exclusividad que John Cooper supo imprimir a sus “mini coches”.

Para ello ha decidido darle un pequeño actualizado a sus formas exteriores y a sus grupos ópticos. Una pequeña actualización que apenas afecta a sus grupos ópticos, al equipamiento y a las cajas de cambios según versiones. Por lo que respecta a los faros pueden ser halógenos o de leds en las versiones Cooper. Amén de que podremos decantarnos por alumbrado tipo matricial.

Su comportamiento dinámico es realmente delicioso y está a la altura de su hermano de carrocería cerrada. Sin duda su reparto de pesos y el haber trabajado concienzudamente en el refuerzo de chasis hace que, si no fuera por los ruidos aerodinámicos que entran a través de la capota de lona, nos olvidemos de la arquitectura de su chasis.

Como siempre que me encargan la prueba de un Mini me viene a la cabeza comentaros lo mucho que se me parece su manejo al de un kart. Y es que la disposición de sus cuatro ruedas en las esquinas del chasis, su amplia sección de goma sobre el asfalto y un  contenido peso lo convierten en un juguete para mayores con una agilidad para cambiar de trayectoria realmente pasmosa.

Me ha gustado mucho el guiado que nos ofrece su dirección. Una dirección de tacto justo, ni blanda ni dura, que nos ayuda además por la buena desmultiplicación que tiene. La suspensión no es incómoda pero si firme. Con ella conseguimos saber perfectamente lo que está pasando bajo nuestras ruedas y nos da la confianza suficiente para circular deprisa con apenas unos kilómetros de aclimatación. Y es que acto seguido estaremos disfrutando de su excelente aplomo queriendo hacer las rotondas prácticamente rectas….

Nuestra unidad de pruebas además equipaba el delicioso motor de la versión Cooper S. O lo que es lo mismo una mecánica turbo de 1.5 litros y 192 caballos de potencia. No os voy a engañar, si tenéis cierta experiencia en coches potentes no os va a asustar lo que corre este MINI. Aunque lo hace lo suficiente como para que nuestro ritmo sea inconfesable. Sin embargo lo que si resulta muy positivo es la forma de entregar esa potencia. Y es que notamos el motor siempre muy lleno y solícito a lo que nuestro pie derecho le demanda. No obstante debemos tener siempre presente la configuración sobrealimentada del propulsor para, una vez llegado al régimen máximo de soplado del turbo, engranar una marcha más. Además cuenta con modo de conducción ECO, donde la respuesta del acelerador se resiente considerablemente, y SPORT donde el MINI Cooper S Cabrio da lo mejor de sí mismo.

Y hablando de marchas… La caja de cambios de esta versión era automática de doble embrague y ocho relaciones. Una transmisión con una pequeña palanca entre los dos asientos y unas más que útiles levas tras el volante. Sin duda ofrece una velocidad de cambio alta incluso si le pedimos que baje dos “hierros” casi consecutivos. Además el ruido de su escape cuando cambiamos sin levantar el pie del gas es, aunque no muy exagerado, si lo suficiente para que se vuelva adictivo.

Por dentro esta carrocería es absolutamente fiel a su nombre, MINI. Aunque en las plazas delanteras hay espacio suficiente para dos adultos, es en la zona trasera donde acusa su configuración cabrio. Allí el espacio para guardar la capota hace mella en los asientos traseros y, mi hijo de cinco años, con su silla homologada viajaba feliz pero realmente justo. Por otra parte el maletero cubica 215 litros lo que no está del todo mal para las características del coche.

En donde cumple de manera irreprochable es en cuanto a la calidad y ajustes de los materiales. De esta manera te das cuenta que estás dentro de un automóvil del segmento premium sin lugar a dudas. El cuero es de gran calidad y recubre elementos como los asientos, el volante o la palanca de cambios. Además dispone de una iluminación ambiental espectacular que podemos cambiar de color en función del modo de conducción que hayamos seleccionado. Con el añadido de que ciertas piezas del salpicadero pueden ser personalizadas a nuestro gusto de manera barata y llegando las piezas a nuestro domicilio de la manera más cómoda.

La arquitectura de su salpicadero no podía ser otra… Una disposición donde el eje principal es la enorme pantalla redonda que se ubica en la consola central. Allí tenemos centralizada toda la información multimedia, de la radio, ajuste del vehículo…. Aunque tampoco debemos olvidar que debajo de la misma encontraremos las típicas teclas de aviación para manejar diferentes elementos de nuestro MINI.

En cuanto al precio no es un coche barato ni mucho menos… No olvidemos que estamos ante un producto del grupo BMW que siempre se ha caracterizado por su posicionamiento elitista en cierta forma. Además ahora en su segmento por prestaciones, configuración y carrocería se ha quedado como única opción de compra. Y tú, ¿pagarías los 35.750 euros que vale este MINI Cooper S Cabrio?

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En los tiempos que corren hablar de Toyota supone hacerlo del fabricante de referencia entre los entusiastas de la tecnología híbrida. Un modelo de negocio del que fue pionera cuando en 1997 nos presentó aquel proyecto, locura para algunos, denominado Prius. Pero el tiempo le ha ido dando la razón y ahora vemos nuestras ciudades plagadas de sus coches respetuosos con el medio ambiente.

Aunque aquí no se acaba la tecnología de la marca japonesa. Y es que el modelo que nos ocupa hoy es ya un icono dentro de su gama. Estamos hablando del todopoderoso Land Cruiser. Una denominación que vinos nacer en un ya lejano 1954 y que, generación tras generación, ha llegado hasta nuestros día con excelente salud.

Nació el siglo pasado como un referente dentro de lo que tenía que ser un vehículo de claro enfoque off road y ha llegado hasta nuestros días evolucionando para ser, sin dejar sus aptitudes fuera del asfalto, un todoterreno con un excelente comportamiento en carretera.

Pese a ello podemos calificarlo como de un auténtico especialista fuera del asfalto. De los que todos recordamos con la palanca de la reductora “pequeñita”, su tracción integral y la posibilidad de trabajar sobre el bloqueo de sus diferenciales. En esta nueva generación mejora en múltiples aspectos pero siempre asentándose sobre la base de la  personalidad que conocíamos hasta ahora.

Estéticamente hay que fijarse para darnos cuentas de sus cambios. Entre ellos están sus nuevos paragolpes que ahora reciben una forma más “hacia arriba” para llevar mejor los pasos más complicados. Además ahora sus antinieblas quedan también más protegidos. Inédita también es su parrilla frontal que sigue siendo de grandes dimensiones, con el logotipo de la marca en el centro y flanqueada por dos enormes grupos ópticos. Se incorpora a sus opciones también unos nuevos diseños de llantas de aleación que pueden ser de 17, de 18 o, incluso, de 19 pulgadas.

Con todos estos cambios, sus medidas han variado ligeramente con respecto al modelo anterior. Por eso ahora resulta algo más largo alcanzando los 4,84 metros de longitud en su versión de cinco puertas -6 centímetros más que el modelo anterior-.

Por dentro los cambios tampoco se han hecho esperar. De hecho incorpora un salpicadero completamente diferente que también distribuye la información de diferente manera. Así mismo la pantalla multimedia de la que dispone ha crecido hasta las 8 pulgadas de tamaño. Eso sí la sensación interior resulta de gran calidad combinando en todos sus rincones materiales de aspecto agradable y sensación real de durabilidad.

En su espacio interior tampoco se han producido cambios. No en vano sigue siendo, en su versión de batalla larga, un práctico siete plazas, en el que las dos adicionales se esconden debajo del maletero y se despliegan de manera completamente eléctrica. Por lo que cuando abrimos la puerta y nos introducimos en su habitáculo seguimos teniendo esa sensación de amplitud y espacio que siempre ha caracterizado al Land Cruiser. Aunque habría que aclarar que no se trata de una sensación si no de una realidad más que contrastada.

En otro orden de cosas, sigue estando construido sobre una base de chasis de largueros y travesaños. Sin duda la opción más idónea para un vehículo de estas características. Con ello se le dota al conjunto de resistencia, robustez y durabilidad. Todo ello características que aprovecharemos en su uso más extremo por el campo.

En la parte mecánica no se ha variado en absoluto. Y es que el motor sigue siendo el 2.8 D-4D de 177 caballos que ya conocíamos de versiones anteriores. Un bloque robusto de cuatro cilindros en línea con un excelente par de 420 Nm a apenas 1.400 rpm. Una cifra que nos ayudará siempre, pero sobre todo en conducción off road cuando tengamos que sobrepasar algún obstáculo a baja velocidad.

Es fácil que algunos estéis pensando que la cifra de potencia se queda algo escasa. Y en cierta forma tenéis razón. Lógicamente no le podemos pedir al nuevo Land Cruiser aceleraciones fulgurantes ni recuperaciones con el cronómetro en la mano. Pero si que mantiene cruceros algo más que legales con cierta solvencia aunque debemos de trata de jugar con las inercias adquiridas y no parar demasiado el conjunto para avanzar con premura. Digamos que en carretera es un abnegado cumplidor que se suelta la melena cuando llega a las zonas embarradas.

¿Por qué digo esto? Pues porque en el campo no hay obstáculo que se le resista. Y esto pasa porque disfruta de un sistema de tracción total permanente y de una reductora de las de toda la vida… Pero por si esto no fuera suficiente cuenta también con dos diferenciales con bloqueo –central y trasero-. Un diferencial trasero que se encarga el solito de todo el trabajo sin que tengamos que accionar ningún mando.

De todos modos aun no hemos acabado con el equipamiento que tiene el nuevo Land Cruiser a la hora de enfrentarse a las dificultades camperas. Puesto que debemos añadir que dispone de un eficaz eje rígido trasero y un utilísimo control de descensos.

Pero además la versión de las fotos –acabado VXL- disfruta de la tecnología Crawl Control y del sistema Multi Terrain System. El primero actúa sobre el acelerador y sobre los frenos y nos deja subir y bajar fuertes pendientes sin perder tracción y haciéndonos cargo únicamente del volante. El segundo modifica el funcionamiento del motor, caja de cambios y las ayudas electrónicas según el terreno que vayamos a pisar pudiéndose configurar en modo Mud and Sand –tierra y barro-, Loose Rock –piedras sueltas-, Mogul –mogol- Rock and Dirt –roca y tierra- y Rock –piedras-.

Además desde su interior tendremos una completa visión de lo que sucede a nuestro alrededor gracias a un eficaz sistema de cámaras. Pero es más estás cámaras también lograrán enseñarnos lo que sucede debajo de nuestro coche. Y lo hace de una manera muy curiosa e inteligente. Para evitar exponer una cámara en los bajos del Land Cruiser, utiliza la que tenemos en la parte delantera del mismo y reproduce lo captado unos segundos más tarde.

Por otra parte en nuestro vehículo de pruebas teníamos la ventaja de contar con una suspensión que incluye unos muelles neumáticos en el eje trasero y unos amortiguadores controlados electrónicamente que podemos modificar en varias posiciones. Con ella por carretera circula con total suavidad y evitando molestos balanceos de carrocería.

Su caja de cambios es automática por convertidor de par y pone a nuestro servicio un total de seis relaciones. Eso sí, aunque pone a nuestro servicio la posibilidad de accionar el cambio de manera manual si le exigimos potencia con un golpe acusado de acelerador el sistema se encarga de engranar una relación más en lugar de llegar al corte de encendido.

De lo que no nos podremos quejar en ningún caso es de la dotación tecnológica que incorpora. En cuanto a sistemas de ayuda a la conducción el nuevo Land Cruiser se encarga de avisarnos de lo radares, de reconocer e informarnos sobre las señales de tráfico que nos afectan, de señalizarnos cuando estamos saliéndonos del carril… Por si esto fuera poco, su sistema multimedia nos ayuda encargándose de sincronizar nuestro teléfono móvil independientemente de si es de tecnología android o ios.

¿Y el precio?Pues puede parecer mucho o puede parecer poco pero está claro que los 57.900 euros que cuesta se ven reflejados en todos los componentes y sistemas que os hemos ido contando en esta prueba. Además con el añadido de saber que estamos ante un vehículo duro, resistente y que, conforme vaya pasando el tiempo, no perderá tanto el valor inicial pues su depreciación no es tan acusada como la de otros modelos de la competencia.

 

 

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Nuestros lectores más veteranos seguro que recordarán el Suzuki Swift GTI. Un automóvil, ahora ya clásico, de los años ochenta, que basaba su éxito en una precio competitivo, una potencia suficiente y un estilo agresivo. Un camino que ahora quiere seguir cultivando el Suzuki Swift Sport de nueva generación. No dejes de leer ahora o te perderás uno de los coches más rentables en términos de euros por diversión.

No creo equivocarme si te digo que su mecánica es clara culpable de parte de su éxito. Y es que el cambio de motor atmosférico a turboalimentado le ha sentado muy bien. Y no lo digo por el incremento de potencia -ha ganado apenas 4 caballos-. Lo afirmo por la forma de entregarla y por el excelente rango de par conseguido -230 Nm-.

Ahora el Swift Sport está basado en un motor de 1,4 litros, turbo y 140 caballos. Un propulsor que consigue que el pequeño compacto japonés empuje apenas nos insinuanos sobre el pedal del acelerador. Y es por esto que no es necesario llevarlo siempre alto de vueltas para conseguir que avance con alegría. Motivo por el cual podemos permitirnos utlizar menos el cambio pues con apenas superar las 2.000 revoluciones por minuto tendremos al servicio de nuestro pie derecho una cantidad de energía suficiente para impulsar al pequeño Suzuki hasta el siguiente giro.

De hecho la sensación que trasmite a sus mandos es la de llevar un coche con un mayor número de caballos. Algo que es el fiel reflejo de la pronta respuesta de su motor como os apuntaba en el párrafo anterior. Pero también de una de las filosofías de la marca para este tipo de modelos: un peso contenido. Y es que en el nuevo Swift Sport la báscula refleja un adelgazamiento de casi 80 kilos con respecto al modelo anterior. Con todo esto consigue bajar de la tonelada quedándose en 970 kilos de peso.

La caja de cambios es manual -como debe de ser- y de seis relaciones. Una transmisión que  también acompaña al buen hacer del conjunto. Y lo hace desde un escalonamiento preciso para conseguir no perder ni un ápice de potencia. Todo ello redondeado con un tacto agradable y un guiado que facilita la operación incluso si lo hacemos de manera brusca practicando una conducción “de rallyes”.

Pero todo lo comentado hasta ahora no tiene demasiado sentido sin un chasis perfectamente reglado y puesto a punto. Y esto lo tenían bien claro los ingenieros de Suzuki cuando se han sentado a remodelar el tope de gama de la familia Swift. Haciendo del caminar de este pequeño compacto una fuente de diversión si la carretera acompaña.

El tarado de la suspensión es firme. Al menos tan duro como te esperas en un automóvil de sus características. Una firmeza que te da enseguida confianza para afrontar los giros con un optimismo creciente. Su paso por curva, además de alto, es muy neutro y, si no vamos “a cuchillo”, será difícil que nos haga el más mínimo extraño o amago de querer salirse de la trazada. Un aplomo que seguramente también tenga que ver con el incremento de su batalla y con una mayor anchura de vías.

Pero no tenemos que olvidarnos que estamos ante un utilitario de calle cuya misión, muchas veces, será cuidarnos en nuestros desplazamientos habituales. Y en esto, con las limitaciones que el párrafo anterior hablamos, también cumple. Y lo hace gracias a unos amortiguadores no excesivamente secos que permiten afrontar largas tiradas a sus mandos sin destrozarnos la espalda.

Estéticamente es un Swift. Vale, es obvio. Pero quiero decir que pese a los mucho cambios que podemos ver en su carrocería seguimos reconociéndolo nada más verlo. Quizás destaca por haber suavizado bastante sus líneas con unos trazos más redondeados y suaves. Asimismo por delante nos mira con unos nuevos faros de tecnología led que se integran en un morro con una agresiva y enorme parrilla. Además incorpora un deflector de aire que, como otras muchas piezas, está rematado en una imitación a carbono muy bien conseguida.

Sin duda, al menos en mi opinión, su zona trasera será la que más llame la atención a nuestro paso. Una zaga muy bien resuelta gracias a una doble salida de escape, a un paragolpes realmente grande, a un alerón superior agresivo y a la “amplitud” que le dan sus llantas de diecisiete pulgadas.

No debemos tampoco de olvidarnos del color que viste el Swift Sport de las fotos. Un amarillo fluor que la marca denomina champion yellow. Que nadie se asuste, habrá una variada paleta de colores, pero esta terminación es, claramente, la más llamativa y diferente. De hecho la marca japonesa está utilizando este color como imagen del modelo en sus campañas publicitarias.

Por dentro ha ganado, sobre todo, en un aspecto más moderno. Algo que ya le hacía falta al pequeño compacto de Suzuki. Sin duda lo que más ayuda a conseguir este ambiente es la nueva pantalla táctil de siete pulgadas que incorpora. Además ha mejorado en su calidad interior pese a que sigue atesorando gran cantidad de plásticos duros.

Un habitáculo que rezuma deportividad lo mires por donde lo mires. Por supuesto destacan sobremanera sus dos asientos delanteros de tipo baquet y con la firma sport en sus reposacabezas. Unas banquetas amplias, que nos sujetan perfectamente y que, además, son bastante cómodas. Con el aliciente añadido de disponer de un volante de nueva factura de tamaño más bein pequeño y tacto algo duro.

Pero su interior también recibe multitud de detalles en rojo, tales como los hilos que rematan las costuras de su tapicería o los bordes de las esferas de su cuadro de instrumentos. Un display que incorpora una pantalla LCD que nos da información como la de las fuerzas G, nivel de presión del turbo o datos de la potencia que estamos utilizando.

Pese a que el fabricante japonés siempre ataca el mercado con unos precios excepcionales. No en vano en el Swift Sport estamos hablando de unos tentadores 19.370 euros -tras aplicar algunos de los descuentos de la marca-. Su equipamiento quiere estar a la altura de lo que demandan hoy en día los clientes más exigentes. Y por esto incorpora elementos tan tecnológicos como el control predictivo de frenada de emergencia, la alerta por fatiga o el asistente por cambio involuntario de carril.

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