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24 Horas de Le Mans

La adrenalina, esa hormona que genera el cuerpo y que incrementa el ritmo cardíaco y contrae los vasos sanguíneos acelerando la respuesta general del organismo, esa a la que tanto se recurre literariamente…sí, esa misma sigue siendo protagonista 24 horas después de haber finalizados las 24 Horas de Le Mans, la carrera más mítica del automovilismo. No hay manera de eliminarla rápidamente, simplemente porque las vivencias fueron tan intensas que sus recuerdos insisten en protagonizar el día a día, en seguir presentes y no pasar a ese escondite que siempre es la memoria. Le Mans es eterno.

Vivir íntegramente las 24 Horas de Le Mans es una experiencia única, que significa una cosa diferente según sea la persona que tiene la experiencia. Pero sin embargo, tiene hay algo común en todas ellas, y es que quien las disfruta por primera vez, queda inoculado de su virus para siempre. En la radio, además, retransmitirlas para miles y miles de oyentes no hace otra cosa que potenciar la experiencia, llevarla un peldaño más allá de la que como mero aficionado se puede llegar a sentir. Le Mans en la radio es pura magia. Y si estás bien acompañado, con un equipo y unos invitados como los que tuvimos este fin de semana en AutoFM, la historia pasa a una dimensión desconocida para los profanos. Hablando llanamente: “es el no va más”.

La ventaja de una cita como la de las 24 Horas de Le Mans es que la experiencia es mucho más duradera que en cualquier otra cita deportiva…del motor al menos. Y no sólo es por la duración de la carrera, que también, sino por los nervios y el cosquilleo que trae la preparación en sí, la inseguridad de saber si tanto tiempo pasará factura o no al resultado final, si los invitados se sentirán a gusto, si se te ocurrirán las preguntas adecuadas, si serán de interés para el oyente, si los momentos de humor serán comedidos o exagerados, si el ritmo será el correcto. Es lo más parecido a vivir el día de Reyes cuando aún eras un crío. El día previo y el día de los “regalos” tienen tanta magia que al cuerpo le cuesta asimilarla porque viene a borbotones. Eso es Le Mans. Magia.

La magia. Siempre me ha gustado lo que evoca, la imposibilidad de explicar hechos que se escapan de la explicación racional. Y lo mejor de ella es que cada uno la vive y la percibe de manera diferente. Ver las caras iluminadas de tus compañeros cuando miran la pantalla, escuchan a los invitados, les preguntan o leen las respuestas de los seguidores de la cadena en las redes sociales es algo que no tiene precio. O como cuando te toca escuchar la voz del director de este apasionado equipo asistiendo por primera vez a las 24 horas de Le Mans en el circuito de La Sarthe: las palabras se le escapan por el micro a la misma velocidad que un LMP1 pasa por la recta de meta. Simplemente porque no puede contener la emoción por todo lo que está viviendo. Le supera. No caben tantas vivencias en el organismo. Se vuelve a ser crío, se vuelve a esa clase de emociones perdidas que el estrés del trabajo diario se empeña en borrar de tu vida. Te reconectas con aquello que te define, te sientes libre. Te sientes bien.

Muchas son las veces que cuando hemos dicho que íbamos a hacer las 24 Horas de Le Mans en directo, sin parar, nos han tildado de locos. Si asumimos la locura como el hecho de hacer cosas sin sentido, uno nunca puede estar loco al hacer algo como esto. ¿Qué hay de locura en volver a sentir la magia que sentías cuando eras un niño, de que se iluminen tus ojos y los de tus compañeros?¿qué hay de locura en hacer felices a tus seguidores haciendo lo que más te gusta en esta vida?¿qué hay de locura en disfrutar del motor transmitiéndoselo a otros aficionados para que lo disfruten tanto como tú? No, eso no es locura, eso es lo más parecido a tener sentido común. Aderezado con unas pizcas de pasión (sino toneladas), lo admito. Pero es lo más parecido a ser consecuente, a emplear el sentido común para disfrutar de la vida, que para eso nos fue dada.

Las 24 Horas de Le Mans van picando cada vez a más y más gente. Y lo hacen con un arma poderosa: la ilusión. Esa misma que se empeñan en borrar de la F1 a marchas forzadas con reglas estúpidas y decisiones que tienen más de locura que retransmitir un evento durante 24 horas seguidas en la radio. Cuando ves que tu hobby, tu pasión, es igualmente compartida por miles y miles de aficionados, es fácil hacerse un viaje de miles de kilómetros en un coche para vivirlo en el circuito, es fácil meterse en un estudio para estar hablando sin parar con el único fin de retransmitir lo que se siente al compartir esa magia con tus compañeros y oyentes. Si a eso le llaman locura, el mundo ha cambiado mucho, pero si ese es definitivamente el caso…pues sí, estoy loco, estamos locos. Rematadamente locos. Locos por Le Mans.

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